El estreno de la séptima entrega de la icónica franquicia *Scream* se vio empañado por una polémica que trascendió el terror cinematográfico para adentrarse en un debate mucho más profundo y urgente. Mientras el elenco desfilaba por la alfombra roja, un grupo de manifestantes irrumpió en el evento con carteles que exigían justicia y llamaban la atención sobre un tema que ha dividido a Hollywood en los últimos meses: el conflicto en Gaza y el papel de las grandes productoras en medio de la crisis humanitaria.
Uno de los mensajes más contundentes rezaba: *”Paramount tiene una LISTA NEGRA de actores que critican a Israel”*, mientras otro instaba directamente a los fans a boicotear la plataforma de *streaming* de la compañía con un claro: *”Cancelar Paramount+”*. Las protestas, aunque breves, lograron captar la atención de los medios y reavivaron la discusión sobre la responsabilidad de las empresas del entretenimiento en conflictos geopolíticos, especialmente cuando sus decisiones afectan a figuras públicas que alzan la voz.
El director de la película, Kevin Williamson, evitó profundizar en el tema al ser cuestionado sobre las manifestaciones. Sin embargo, el verdadero foco de la controversia ya había sido encendido días antes por Melissa Barrera, la actriz que dio vida a Samantha Carpenter en el reinicio de la saga en 2022 y su secuela, *Scream VI*. En una publicación en sus redes sociales, Barrera no dudó en calificar la situación en Gaza como un “campo de concentración”, describiendo con crudeza la realidad de miles de personas atrapadas sin acceso a servicios básicos. “La gente no ha aprendido nada de nuestra historia”, escribió, comparando el silencio actual con el de otras tragedias pasadas. “Y al igual que entonces, el mundo sigue observando en silencio cómo sucede todo. Esto es genocidio y limpieza étnica”.
Las declaraciones de la actriz, que también protagonizó el musical *In the Heights*, no pasaron desapercibidas para Paramount. La productora, en asociación con Spyglass Media Group, había confiado en Barrera para el papel protagónico de *Scream 7*, pero su postura pública sobre el conflicto en Oriente Medio llevó a su abrupta salida del proyecto. La decisión generó un efecto dominó: su coprotagonista, Jenna Ortega, quien interpretaba a Tara Carpenter, la hermana menor de Samantha, anunció poco después que también abandonaba la película. El director Christopher Landon, conocido por su trabajo en la franquicia, siguió sus pasos, dejando al equipo en una encrucijada creativa a solo meses del estreno.
El caso de Barrera no es aislado. En los últimos meses, varios actores y actrices han denunciado presiones o represalias por expresar opiniones críticas hacia Israel, especialmente en un contexto donde el conflicto ha dejado más de 30,000 muertos en Gaza, según cifras de autoridades palestinas. Mientras algunas voces en la industria defienden el derecho a la libertad de expresión, otras argumentan que las empresas tienen el derecho de distanciarse de figuras cuyas posturas puedan generar controversia o afectar sus intereses comerciales.
A pesar del revuelo, *Scream 7* llega a los cines este viernes, aunque con un elenco renovado y una sombra de incertidumbre sobre su recepción. Más allá del terror en pantalla, la película se ha convertido en un símbolo de las tensiones que atraviesan a Hollywood, donde el arte, la política y los negocios chocan con consecuencias impredecibles. Para muchos, el verdadero miedo ya no está en los asesinos con máscaras de Ghostface, sino en las decisiones que toman las grandes corporaciones cuando el activismo choca con el entretenimiento.














































































































































































































































